No, no voy a escribir sobre la trágicamente famosa competencia del estilo "si tu hijo ayer dio sus primeros pasos, el mío ya corre con la antorcha olímpica en la mano y es 3 meses más chico que el tuyo". Vamos, desgraciadamente es moneda corriente doquiera una asome su orgullosa cara, así que ya todas lo hemos hablado.
Vengo a exponer una conclusión, probablemente nada extraordinaria, sobre algo que vengo notando desde que "apareció" mi nueva panza. Hay una especie de guerra "tibia" (fria no está, declarada formalmente tampoco) entre madres.
Es de esperar que algunos hombres, ancianos e incluso algún que otro despistado púber haga caso omiso a las buenas costumbres y aprendidos modales en cuanto a embarazadas o madres con críos se refiere. Pero que otra madre "se haga la sota", como mínimo, choca.
Ejemplos me sobran, todos vividos en carne propia.
Voy por la calle con mis dos hijas, rumbo al jardín al mediodía. Son alrededor de 11 cuadras, que por Capital son una tremenda expedición. Como si no fuese suficiente tratar de sortear el interminable sembradío de material fecal perruna (y algunas de tamaños que hacen dudar seriamente si son de un can) y de que las niñas lleguen sin aromas excepto el del delicado perfume que les puse antes de salir, toca esquivar "gente". Y ahí me encuentro, esquivando de un lado y del otro, tirando de los bracitos de mis lagartas cual si fueran los hilos de las marionetas, cuando veo venir de frente a otra mujer con un cochecito y una niña caminando. Automáticamente, ambas notamos la ausencia de espacio para pasar a la vez, pero para mi sorpresa, la única que aminora el paso soy yo. La otra "señora" no solo se apura, sino que pone cara de enojada y arremete con el carro de su benjamín, forzándome a correr aún más a mis niñas contra la pared. Un gracias? Ja! "Bien gracias". Ojo, para mi el sentido común dicta que si una mamá viene con un bebé, yo tengo que dejarla pasar primero, por cortesía o buenos modales. Pero si, soy una malvada, espero un mínimo de gratitud y buena educación de la persona que recibe lo mismo de mi. Además, si me pongo aún en más mala, yo llevo dos chicos y medio y se nota, la panza se nota.
Siguiendo el camino, tratar de cruzar la calle es cuanto menos, causal del 10% de mi gastritis. No viene nadie, vamos, vamos... crucemos. Y en eso te dobla una flamante 4x4 nuevísima, modelo "marzo 2010". Pongo cara de "sos una bestia" y para mi asombro, al mirar con furia al conductor, encuentro a una rubia madura acompañada de dos varones de más de 6 años. La cara de indignación de la "señora" porque yo, embarazada "a pata" con dos niñas de menos de 6 años, pretendo cruzar la calle cuando me toca es entre miles de otros adjetivos, absurdamente gigante.
Y para no alargar más el asunto, vamos a la experiencia más fresca. Ir al supermercado. Si, si, ya sé, va a sonar tonto lo que digo, pero esta experiencia es hasta nociva para la salud. Deberían prohibirla durante el embarazo. Ni de casualidad se te ocurra llevar el changuito, porque de pronto, cual tiburón en su película con músiquita histérica y todo, aparece de la nada otro chango que se mete de sopetón, obligándote a frenar/maniobrar para no golpearte la evidente barriga... demasiado. Por favor no te sorprendas si al mirar al "culpable" del susto, encontrás a una chica que ronda tu edad con su crío sentado en el mismísimo chango que ella usa de F1. Y ni te hagas malasangre si encima te lo deja cruzado imposibilitandote el paso, o le molesta tu nena mayor que está parada justo adelante de la mayonesa y se le ocurre darle un "tierno" empujón para que se corra. El error es tuyo si pensás que puede pedir permiso o dejarte pasar... estás re out, como yo.
Terminando la expedición "guarda con tus hijos, comprales comida pero que no pierdan un ojo en el proceso", la frutilla del postre. Una de las maravillas de ir de compras y tener panza es la "caja prioridad". Ahí te tienen que dejar pasar primero, porque sino podés estar haciendo una cola de hora, hora y media, fácil. Toda contenta, allí voy a aprovechar del beneficio (o derecho?) por primera vez en este embarazo, me formo detrás del que estaba pagando y descargo mis productos. Atrás mio se siente revuelo, y alguién deja un changuito super lleno de productos. Pasa tan velozmente por detrás que sólo logro distinguir que es una chica. Y de repente aparece por mi derecha, cruza su cabeza poniéndola a la altura de mi panza y vuelve a su lugar con la misma velocidad anterior. Se escuchan protestas indignadas, entonces me doy vuelta y la veo: ¡ella también tiene panza! Descargar mi mercaderia con ella protestándole al marido para que hiciera algo fue algo tan irónico, tan bizarro como el "señorita, no hay otra caja de prioridad acá" que espetó el también molesto muchacho. Hasta la cajera los miró con cara de "ella también tiene prioridad y llegó primero", pero siguieron cuchicheando y bufando como nenes chiquitos. (BTW, mi chango tenía la mitad de los productos que cargaba el de ellos!!)
Madres del país, del mundo hispano parlante... ¿qué pasa? A vos te digo, a la que topetea, se molesta, no tiene reparos ni buenos modales.
Si, rompe las bolas que no nos den los asientos en el transporte público, que los conductores no nos dejen cruzar la calle, etc, etc. Pero ¿tenemos que cobrarnos esos derechos a costa de otras madres? ¿no sería mejor reclamar cuando nos corresponde a quiénes les corresponde otorgarnos la prioridad? ¿porque "vengarnos" con otras mujeres que sufren lo mismo que nosotras?
Si no nos respetamos entre nosotras que usamos los mismos zapatos, no sé qué cuernos le pedimos al resto del mundo.
Respeto, educación, buenos modales... todavía me esfuerzo por inculcárselos a mis hijas. Aunque solo me queden ejemplos de lo que
no se hace.